¡ALARMA EÓLICA!
(Mariano Estrada)

Tenía que ser aquí, en esta España atávica, sibilina y oscurantista, tan profundamente inquisitorial y sin embargo tan obscenamente consentidora, donde el poderoso caballero D. Dinero, con su apuesta desaforada por la llamada energía renovable -en este caso eólica-, ha forzado la resurrección colérica de D. Quijote, el brazo luminoso, el soporte de las causas perdidas, el que librara batalla desigual contra gigantes, ejércitos y vestiglos.

Las asociaciones ecologistas, inclinadas necesariamente a este tipo de energía por su reclamo de "no contaminante" y su vitola de "alternativa" (Se entiende que de la energía nuclear, lo cuál no es cierto en la práctica), si bien siguen fieles a su principio, como es lógico, a medida que han ido informándose de la pura realidad de los hechos -en especial de los que ya están consumados-, han ido declarándose contrarios a una apuesta eólica descaradamente alevosa, superabundante e indiscriminada. ¿Qué ocurre? Pues ocurre que, a falta de una legislación previsora y suficiente, las solicitudes de parques eólicos proliferan por doquier, las admisiones a trámite se atienden con la diligencia de una eficaz empresa privada, las concesiones se suceden con velocidad casi de vértigo y... Nada más, los paisajes van llenándose de aspas pinchadas en un palo a la espera de las ventosidades de Eolo, dios soplón, dios fuelle, prefiguración dinámica de la chispa.

Ésta es la manera en que, sin apenas enterarse sus habitantes, España se ha acostado vestida y con certificado de virginidad y ha amanecido sembrada de innumerables falos eólicos o energías limpias o eufemismos alternativos o la madre que los parió. De la noche a la mañana, que es el tiempo de la fornicación, del sigilo y de la nocturnidad, España ha sido entregada al subvencionismo comunitario -que es dinero fácil- y el capital la está jodiendo a sus anchas. Y a sus largas. En su piel de arideces o de bosques, en sus carnes inmemoriales y en sus inconmensurables honduras. Todo ello con la anuencia de la Administración y la complicidad o celestineo de muchísimos alcaldes que, por unas tristes migajas, están haciendo de anfitriones hospitalarios, cuando no de agradecidos e incestuosos mamporreros.(Me refiero sobre todo a los lugares en los que estas instalaciones dañan seriamente al ecosistema, pero hablo en general por la carencia absoluta de normativa. Quiero recordar que el lino, en sí, tampoco era malo; y miren lo que ocurrió)

Otro tipo de asociaciones, ligadas al medioambiente de muy diversas formas (por el turismo rural, la ganadería, la agricultura, la apicultura...), así como un número importante de particulares altamente sensibilizados, ya hace tiempo que vienen advirtiendo a la Sociedad -si bien con poco eco y muy escasos medios-, del enorme desaguisado que se avecina.

Tanto asociaciones como particulares, a los que une este penoso infortunio del que el ciudadano tiene escasa conciencia, forman el menguado batallón de D. Quijote, alias el indómito, el romántico, el aguerrido, el que se ofrece a una lucha sin desmayo para alcanzar el necesario remedio. Ya lo creo, aunque tenga que acudir a Josué para ver cómo detuvo el movimiento de los heliotropos. Claro que quizás sea tarde. Y no sólo por el número de parques cabalmente instalados, que son muchos, sino porque las actuales solicitudes de instalación son casi infinitas, quintuplicando en algunas zonas ( En Castilla-León, por ejemplo) las previsiones del Plan Eólico Regional. Y la Administración que sigue abierta de piernas, admitiendo a trámite, consintiendo que el dinero decida qué parajes destroza, qué animales desahucia, qué aves extermina..., tragando hasta la bola cuantos falos eólicos con aspas quiera mandarle el destino, que es el capital, que es la Banca, que son las privilegiadas y multimillonarias Empresas Eléctricas...

Posdata: ¿no sería más lógico que la Administración, con los asesoramientos oportunos y los inestimables apoyos ciudadanos -que de ambas cosas dispone-, señalara previamente los lugares en los que, por no causar destrozos, pudieran instalarse los gigantes?

- Mire vuestra merced que los gigantes, en España, ya están bien instalados. Los que aquí pretendemos airear son todos molinos... O a la inversa: que señale estrictamente los lugares de indudable valor medioambiental en los que, como profilaxis ecológica, ni de coña se consientan las aberraciones.

Mariano Estrada, 05-09-2000 D.N.I. 11.757.111-V Urb. Montiboli
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