Queja sobre la Caza

Enviado por: Aurora de la Iglesia del Prado

 

A quien corresponda:

Me desazona hasta un punto extremo todo lo que a continuación referiré. Y que conste que sé que es completamente vana mi esperanza de que esto vaya a cambiar, como tantas cosas...

El último fin de semana de enero de este año fui con unos amigos a La Adrada, un pueblo de la provincia de Ávila. El domingo por la mañana subimos al monte, y dejamos el coche en un lugar de la carretera por el que ya no se podía avanzar más, por la nieve que quedaba de unos días atrás. Nos disponíamos a dar un paseo por el campo y a respirar aire puro, cuando de pronto, un señor parapetado detrás de un montículo rocoso, con sombrero y escopeta nos advierte "amablemente" (vamos, todo un detalle) de que están cazando por esa zona. Zona en la cual creo tener el mismo derecho que aquél señor a estar y hacer lo que me plazca: él está cazando, y se le permite, ¿verdad? Hay un convenio por el cual el alcalde permite que se cace en esa parte del monte, de acuerdo. Pero, ¿y mi derecho constitucional a pasear libremente por donde yo quiera siempre y cuando no esté en una propiedad privada? ¿Tiene prioridad sobre mí un cazador, que además está matando por placer, mientras yo no voy a hacer ningún daño natural? Es más, ¿es que incluso corro peligro estando en un lugar que es de todos porque a unos señores, que se consideran cultos y sensibles, les haya dado por matar animalitos en ese momento?

Hay quien me replicará con todo ese conglomerado de patrañas aprendido de alguien nada informado ni sensibilizado: que si hay que matar algunas especies que hay en abundancia, que si otras se comen los cultivos... ¿Y qué hay del maravilloso mundo natural? ¿Es que antes de que existiese el hombre no había vida? Sí, hombre, claro que la había, y en mejores condiciones que ahora. Si hay superabundancia de conejos será por algo; hubiese sido así en la naturaleza si no estuviésemos nosotros, (¿tan difícil resulta de creer?), y no podemos erigirnos en una autoridad reguladora de ecosistemas simplemente porque nos sale de las narices. Y aun poniéndonos en el mejor de los casos, es decir, que los cazadores sean unos elegidos y unos santos que hacen un enorme bien a la sociedad sacrificándose por ésta y asumiendo la horrible faena de cargarse animales con todo el dolor de su corazón, ¿es que no hay otras cien mil cosas mejores que hacer, como alimentar a seres humanos que se mueren de hambre, enseñar cultura a gente tercermundista, impedir la tala de árboles arbitraria, o preocuparse por los animales que faltan, no por los que sobran?

En fin, creo que es una desafortunadísima justificación la que se da en cuanto hablamos de matar animales, como por ejemplo la del toro. Sí, es una raza que no existiría si no fuese a acabar en los ruedos. Muy bien: pues que no exista. O que se idee una manera más inteligente de hacer que ésta pueda sobrevivir sin necesidad de tener que someterla a la barbaridad de torturar a un pobre animal que no ha hecho mal ninguno para luego terminar matándolo, y cuya mísera finalidad de todo este tinglado consiste en enriquecer a unos analfabetos y hacer que se sientan héroes cuando lo que son realmente es un atajo de cobardes insensibles.

Pero volviendo al tema, creo que estos defensores de la caza que alegan mil y un razonamientos que creen válidos y lógicos, no debieran razonar tanto sino decirlo a las claras: disfrutan matando a seres inferiores a ellos. Es una afición muy gratificante para gente ociosa que no tiene nada que hacer y que, además, tienen complejo de poca hombría, o algo parecido (siempre me ha resultado muy sintomático que la inmensa mayoría de cazadores sean hombres).

Yo diría a esta gente de la caza que, afortunadamente, nosotros no necesitamos tener que cazar para sobrevivir como en tiempos prehistóricos o, sin ir tan lejos, como en algunas tribus cuya forma de sustento se basa en la caza. En este caso sí está justificada: en el mundo de la naturaleza existen depredadores, predadores... y en fin, toda una cadena en la que el más fuerte se come al más débil. Y eso ha sido, es y será siempre así, existamos nosotros o no. Pero lo que es inconcebible es que, caprichosamente, el ser humano se salga de lo natural y mate por placer, sin ton ni son, demostrando una vez más lo poco de lo que nos sirve ser el único animal con inteligencia. Si la usásemos mínimamente iniciaríamos desde ya la urgente labor de reconstruir lo que estúpidamente estamos destruyendo, porque creo que no nos damos cuenta, pero estamos destruyendo nuestro hogar: la Tierra. Y sin hogar, no hay vida.

Siempre he estado en contra de la caza, pero nunca me había planteado con gravedad el tema porque no me había afectado directamente; siempre lo había vivido desde lejos (sé que es un error callar hasta que algo te afecta). Al comprobar que es una realidad, que no sólo tengo que consentir que unos señores maten animales porque les da la gana, sino que tengo que aguantarme en no poder disfrutar de aquella parte del campo que estén ocupando con el consiguiente riesgo de que me atraviese un perdigón, considero que es el colmo.

No tengo la solución, y aunque la tuviese, no creo que se pudiese llevar a cabo; sólo deseo dejar constancia de la impotencia que siento ante este asunto.

Gracias, y un cordial saludo de Aurora de la Iglesia del Prado

Madrid a 3 de febrero de 2000