LA FERIA PINTO: UN MOSAICO CULTURAL

(Natalia González y Rocío Rodríguez)

(10/11/2006)

La feria Pinto comprende un sistema de símbolos que ha ido plasmando distintas realidades, las cuales entretejidas emanan una realidad integrada de diversos actores, sin embargo con características muy similares.

Cuando nos interiorizamos en relación a la dimensión que abarca la feria Pinto, constatamos esta dinámica integradora, en donde sobreviven mujeres y hombres, interactuando bajo signos correspondientes mutuamente debido a sus relaciones, representadas en la familia, el hogar, el trabajo, este último manifestando muchas veces contradicciones, pues ¿cómo un mercado que controla todo o cree hacerlo, en su alero sobrevive un tipo de economía diferente a sus premisas capitalistas, es decir, un mercado de subsistencia arraigado más allá de una cualidad social para nosotras, una matriz social que se enmarca en pautas culturales yuxtapuestas a una esfera despojada en el seno del silencio? A su vez, ¿cómo ha logrado manifestarse una interacción económica distinta a tal punto de abarcar un lugar eminentemente estratégico, como es la feria Pinto, siendo que  al mantenernos insertos en una suerte de comunidad globalizada, dentro de las estructuras libre mercado que subordina, sabemos en estos tiempos de globalización, a la ciudad de Temuco, por lo cual también a la feria Pinto, y sin embargo que siga latente un tipo de interacción económica distinta  como lo que sucede en el lugar mencionado?

 Para comprender esta pregunta y llevar a cabo una respuesta acabada, tomaremos un ejemplo concreto que abarque un sector que en el transcurso del tiempo se ha incrementado. Antes de adentrarnos en nuestra explicación procuraremos dejar claro que por ningún motivo nuestra interrogativa equivale a simplificar la respuesta en el sentido de separar a la estructura económica  capitalista a lo que es la peculiar interacción de tipo (si la pudiésemos clasificar) económica, por el contrario al formar parte de una realidad que integra diferente y diversos elementos en una totalidad, nos damos cuenta como se entrecruzan distintas costumbres, características esenciales que conforman culturas singulares, y en este caso se desenvuelven dentro de un escenario múltiple intercultural.

Dentro de la dinámica de la feria Pinto, la mujer, ya sea indígena casada o bien se encuentre sola al cuidado de sus hijos, representa un proceso en base a su propia siembra de esperanzas, nos muestra una dinámica económica a través de un intercambio, cimentado en la solidaridad, entre la dimensión familia-producción-comunidad que se relacionan recíprocamente, minimizando como regla prioritaria al mercado de oferta-demanda, para dar paso a ese mundo interno productivo el cual implica a su vez la valoración del producto del trabajo, una familia, una jefa de hogar comprometida a través de una visión empática con un mundo que muchas veces se muestra reacio a lo distinto.

Si bien estas dos realidades se transversalizan definiendo un espacio en donde se entrecruza una estructura económica capitalista rígida con un nivel de mercado cotidiano, esta realidad diaria de muchas mujeres, por cierto optimista en la búsqueda de que sus actividades, ya sean agrícolas, recolectoras, o bien de canastera o moteras entre otras, forjan un resultado fructífero, que salvaguarda la subsistencia que compromete ser parte de una familia, la cual al igual que ellas, mantienen las mismas esperanzas.

Cuando mencionamos el recurrente intercambio recíproco que se ha generado en la trayectoria de la feria Pinto, en un sin número de vivencias plasmadas en populoso sector de la Estación de Ferrocarriles, es interesante sugerir como tema de análisis el trueque como marco referencial, útil para ensamblar un sistema de mercado entrecruzado a interacciones únicas que, inconscientemente quizás para los actores principales, sirven hacia la concreción de un modelo alternativo gesticulador de relaciones. El trueque se desenvuelve en una esfera de solidaridad con el otro, en no avasallar al próximo bajo el interés de querer ganar más en la transacción, no se trata en motivo alguno de que un doctor quiera curar la salud a cambio que se le ayude en la declaración de impuestos. Por el contrario supone un sistema de intercambio a partir de valores existentes dentro de una comunidad, promovidas más allá de un interés individual, el bienestar social.

En consecuencia, este tipo de relaciones que se plasman en una economía altamente solidaria, no impulsa  a reconstruir el modelo que debiera dirigir a la sociedad entera, esperando así llegar hacia una decontrucción de esta ideología para dar paso a este tipo, por cierto admirable, de relaciones sociales.

Por otro lado cabe destacar, que la Feria Pinto ha conllevado a su alero a generaciones completas, como desde la bisabuela a la generación actual en donde en una suerte de herencia se van traspasando los conocimientos y secretos para elaborar el mote, merken, rosa mosqueta, etc.

Cumpliendo rigurosamente una tradición que se destaca y diferencia de las demás ferias, gran parte de las personas que compone la feria, son de descendencia mapuche, que proviene específicamente de las zonas rurales, levantándose a muy tempranas horas de la madrugada, para poder llegar a sus puestos de trabajo y vender su mercadería.

Cabe destacar que desde muy pequeñas las moteras han conocido la dinámica y la modalidad de la feria, así como también los locatarios y canasteras, muchos de ellos, llevan años subsistiendo de la feria, invitando con ellos a sus hijos, sobrinos, nueras o hermanos,  preocupándose de esta manera que la tradición permanezca en algún integrante de la familia.

 La tradición, la costumbre y la cultura Mapuche sin lugar a dudas son componentes importantísimos de la Feria Pinto, concibiendo que se distinga  y diferencie de las demás ferias, conformando  así un variado mosaico cultural  en la cual se tiene un lenguaje, una ideología y sobre todo una forma de vida distinta, en la cual los diversos conocimientos que las propias moteras tienen de la feria y la elaboración del mote, han sido adquiridos desde muy temprana edad ya sea por sus abuelas, madres suegras o hermanas, siendo una actividad que va fuertemente vinculado al género femenino. Las moteras, se esmeran severamente, para elaborar el mejor mote para sus “caseritas” o “caseritos” manteniendo a su clientela por años e incluso en algunos casos  estrechan una fuerte amistad.

            A modo de conclusión, se puede inferir que en la Feria Pinto, se logra entrever que se conforma un verdadero mosaico cultural en donde locatarios, canasteras, moteras y vendedores en general ya sean “winkas” o mapuches, conforman una feria rica en diversidad cultural, en la cual todos se entienden en su “lenguaje” , compartiendo una ideología y una vida en común, desde hace muchos años, preocupándose de que la tradición y las costumbres perduren a lo largo del tiempo ya sean representados con sus hijos o familiares cercanos.